BAILANDO CON EL REFLEJO DE LA SONRISA DE LA LUNA

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BAILANDO CON EL REFLEJO DE LA SONRISA DE LA LUNA.

Los tambores acompañan mis pasos,

y mi respiración.

Es un despertar.

Alrededor mío, y en mí,

inciertas figuras se desplazan, con firmeza.

.

Su movimiento es mi pausa,

nuestro encuentro,

una aura pacífica,

y es habla.

Una noche conciliada, un espacio sereno,

un tiempo trazándose en las yemas de los dedos,

al fin, visibles.

El parque está en sombras,

pero es fulgor.

El agua es calma,

y es cuenco.

Las boyas son como dedos que se elevan hacia el cielo,

emprendedores.

Los botes recogidos no están quietos,

están listos para zarpar.

Los patos descansan,

y son un regazo.

Las luces sobre el agua son remos,

firmes señales para el camino.

Una estatua, en ofrenda, alza la música de su lira,

y es ya canto en el tiempo.

Otra sostiene en su mano izquierda una paleta de pintura, y en

la derecha, una figura, rey o diablo, como pincel.

Colores anunciándose,

y son juego,

y celebración.

Las ramas de los árboles se estiran entre las columnas,

soñando con el cielo,

y ya es danza.

Y un grupo forma un círculo de cinco,

círculo en movimiento,

y se lanzan un fresbee,

vuelo hacia otra mano, que recibe,

como una exclamación,

el mensaje de ‘estamos aquí’.

Alguien no necesita nada de lo que otro le ofrece,

pero le da las gracias, con la voz clara, y el otro ríe,

y ambos puños se unen en una celebración.

Se han ‘reconocido’,

y son ‘parte de lo mismo y uno’.

Y un hombre, de mirada afable, te pide un pañuelo de papel,

y su gesto de agradecimiento es una reverencia,

como si se le hubiera sido concedido un cáliz sagrado,

una señal de ‘nos escuchamos’.

Los círculos de ambos extremos de una lata estrujada en el suelo

se convierten, por ensalmo, y la palabra es una bienvenida,

en unas gafas que observan el firmamento.

Unos ojos verdes recorren la multitud como una antorcha,

y es un abrazo, un acorde radiante.

Todo es posible, todo es siembra.

Bailo con el reflejo de la luna sobre las aguas,

y es sonrisa, y es conmigo.

La brisa eriza la superficie con un estremecimiento,

y ya es piel de gallina.

Y la música enciende el centro.

Y el sendero pacífico se ilumina en los compases del silencio

habitado.

Es impulso.

Pintura: El paseo, Marc Chagall

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